Gobierno distraído y sin camino

Un juego que preocupa

La Lotería a la que estamos jugando

Ya bien pasados los 100 días del nuevo gobierno, liderado por Bernardo Arévalo y Karin Herrera, una cosa está clara: Son novatos y no tienen un plan de gobierno.

El dúo de mandatarios, que tanto prometió una primavera democrática, no han logrado salir de su mentalidad de campaña y el largo proceso de transición. La carencia de enfoque y tener un objetivo claro no les ha permitido avanzar con lo que verdaderamente es importante para la nación.

En su lugar, se han distraído en la remoción de la Fiscal General Consuelo Porras y la incesante búsqueda de incrementar el presupuesto nacional, mientras que a lo alto permea la abstracta y siniestra sombra de “perseguir” la corrupción.

Esta falta de enfoque y carencia de un plan solo ha traído tropiezo tras tropiezo. Iniciemos con las visitas de estado en búsqueda de apoyo en la comunidad internacional para lograr la remoción de la Fiscal General. La Fiscal sigue en su puesto, y esto solamente ha demostrado la debilidad de esta administración, siendo que, por lo visto, requieren para todo del apoyo exterior. Esto debilita la postura de la soberanía e independencia de Guatemala y de cualquier manera no logran el cometido.

Como una de las primeras propuestas de ley en la agenda legislativa, está la Ley de Competencia. De esta propuesta ya hemos hecho una crítica en este espacio, donde nos podemos dar cuenta de la debilidad e incapacidad de astucia política para lograr un apoyo mayoritario en el Congreso - a la fecha sigue sin avanzar.

Podemos ver cómo otro de los grandes desgastes políticos ha sido el show mediático de la “Caminata al Congreso” para presentar la iniciativa de la modificación a la Ley Orgánica del Ministerio Público, la cual, aún siendo aprobada, según indican expertos constitucionalistas, no tendría efecto para la actual Fiscal General. Conforme al Artículo 15 de la Constitución el cual se protege a las personas contra la aplicación de nuevas leyes de forma retroactiva. Así que la ley llegó para engavetarse.

También vemos las novatadas que han sucedido en el gabinete y el equipo de trabajo de esta administración: diez destituciones y cuatro renuncias. Casi una persona semanalmente. Estas han incluido ya a dos Ministros - en abril a María José Iturbide del MARN y recientemente a Jazmín de la Vega del MICIVI. Ambas destituciones muestran la limitada capacidad de gestión por parte del mandatario.

Y por último, están las tácticas presupuestarias: Por un primer frente está la búsqueda de una ampliación del presupuesto ante el Congreso que no avanza, mientras que a pesar de tener el presupuesto más alto en la historia del país la ejecución oscila en apenas el 30%.

Se busca justificar la ampliación del presupuesto mediante una mayor recaudación. Para ello la SAT ha emprendido en lo que podría catalogarse como persecución fiscal selectiva y oportunista: tanto en la astronómica alza en las tasas de arbitrios a transportistas en las importaciones o bien en el cobro de impuestos para aquellos que alquilan a través de plataformas digitales como AirBnB. En esta última, vemos bien que se quiera cobrar un impuesto legislado, pero la aplicación no debe ser selectiva, sino debe ser igual para todos. Es como que para el impuesto de circulación, solo lo tendrían que pagar aquellos que manejan marcas japonesas y coreanas, pero no chinas. ¿Qué es eso?

Es momento de dejar la pantomima política y la cantaleta electoral atrás. Guatemala no tiene el tiempo para el “juguemos a gobernar”. Se necesita un norte claro y un plan de gobierno que aborde las necesidades críticas del país. Tenemos un país donde más del 50% de sus habitantes tienen como principal fuente de energía en sus hogares la leña, estamos en el ranking 77 de nivel educativo según el examen PISA, las carreteras, los caminos y el tráfico ni hablar.

Señores hay que ser serios. Se necesita una serie de metas claras, un plan de gobierno medible y comenzar a tomar las acciones necesarias con los recursos que hay y mostrar resultados. Dejemos los juegos y a trabajar se ha dicho.