La Jaula Dorada

Las secuelas de leyes y tradición

La juventud en su jaula dorada

Es raro que los legisladores contemplen las secuelas y el impacto que pueden causar las leyes y regulaciones que aprueban. Algunas de ellas incluso pueden transformar radicalmente la sociedad.

Una tal ley que ha quedado durante décadas rezagada es el Código de Trabajo y se ha convertido ya no solo en una ley, sino en un patrón social. Aunque han habido pequeños avances en los últimos años para un mayor cumplimiento con el Convenio 175 de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) donde entre otras cosas se le da el derecho al trabajador y al empleador de poder acordar en una estructura flexible de trabajo en relación al horario y el pago, en Guatemala por la tradición laboral de antaño, la práctica en general es de contratación de personal de forma asalariada por mes. 

Aunque ya hay excepciones, en el mercado encontramos algunos casos de trabajo parcial así como por horas, cómo es el trabajo de call centers, la contratación en casi la totalidad sigue siendo por tiempo completo y por mes. 

¿Cuál ha sido una de las mayores consecuencias de esta ley y práctica para el desarrollo del país?

En resumen: Serias averías a la calidad de los profesionales y el calibre de la educación que se recibe en Guatemala. ¿Cómo así?

Como consecuencia, la mayoría de los puestos de trabajo se diseñan como plazas de tiempo completo, exacerbado por la necesidad económica, real o percibida, de las familias por contar con mayores ingresos. Esto ha llevado a que las personas al terminar sus estudios de diversificado o bachiller, buscan su primer trabajo y encuentran en su mayoría oportunidades de trabajo de tiempo completo. Esto los lleva a priorizar el trabajo y no poder estudiar durante el día entre semana sino solo en las noches o los fines de semana. Acto seguido, la calidad de estudio después de una jornada laboral de por lo menos 8 horas o bien de forma intensa los sábados lleva a una más pobre retención, retraso o dificultad en completar las lecturas y en general un más pobre desempeño en el desarrollo de las destrezas requeridas por un profesional.

También las universidades así como los institutos técnicos, en respuesta a las necesidades del mercado, se transforman en centros de estudio nocturno o de fines de semana que también tiene consecuencias en el calibre de profesores e instructores que logran contratar. Estos ya no son académicos de tiempo completo, sino son personas que buscan ese ingreso extra después de una jornada de trabajo o bien el día sábado. Tercer acto, los profesores, al igual que los alumnos no están en condiciones para dar su mejor desempeño después de su jornada de trabajo normal o bien en la tercera o cuarta hora consecutiva de instrucción en los días sábados. Tampoco cuentan con mucho tiempo para preparar de mejor forma sus clases.

¿Dónde y quién pierde como consecuencia de esta estructura?

El alumno no estará en sus óptimas condiciones físicas y mentales para estudiar y en lugar de tener unos años para enfocarse en desarrollar sus capacidades para una sólida carrera profesional, el estudio será la segunda prioridad. Terminando con profesionales… pues… de segunda.

Las universidades en lugar de volverse centros de excelencia académica e investigación se transforman en productoras de pseudo profesionales y dejan de tener serios académicos ya que no hay personas que se dedique a la investigación, ni por parte de los profesores ni de los estudiantes. 

Aquí solo un ejemplo de cómo la intervención de estado en lo que podríamos percibir a primera vista como una norma inconsecuente, crea realmente consecuencias trascendentales, las cuales aún cambiando la norma, mantiene serias secuelas. 

Más adelante también comentaremos sobre el impacto de contar con un salario mínimo, el cual se supone brinda una cierta seguridad económica, pero realmente hace todo lo contrario. Por ahora, te invito a considerar que otras normas y prácticas en lo cotidiano pueden tener serios efectos secundarios no intencionados.